martes, 3 de mayo de 2011

“Tres mensajes para los jóvenes adultos



“Tres mensajes para los jóvenes adultos, Liahona, Apr 2007, 26
Mis jóvenes amigos, ustedes viven en una época sumamente prometedora. En la historia del mundo jamás ha habido tantas oportunidades para escoger y tener éxito.
Tengo tres mensajes para ustedes a medida que siguen su camino por el mundo: sean miembros activos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, prepárense hoy para el mañana y estén dispuestos a aceptar las responsabilidades que lleva aparejado el matrimonio.

Sean activos en la Iglesia

Al dedicarse a obtener una buena educación académica, al comenzar a trabajar y al esperar el matrimonio, siempre deben tener presente la actividad en la Iglesia.
Los jóvenes adultos solteros se trasladan con mucha frecuencia, por lo que cambian de domicilio y de teléfono muy a menudo. A los líderes de la Iglesia les apena perder el contacto con ustedes, ya que cuando eso sucede, no podemos comunicarnos para invitarles a aceptar un llamamiento ni a compartir todas las bendiciones de las que disfrutan los demás miembros.
Una de nuestras mayores preocupaciones es que muchos de nuestros jóvenes adultos no se han afincado en una unidad en la que cuenten con un obispo y en la que el obispo los conozca. A todo miembro de la Iglesia lo debe conocer un obispo o un presidente de rama ante el cual ser responsable. Una relación así les brindará la oportunidad de participar en las ordenanzas del sacerdocio, ser entrevistados, obtener recomendaciones para ir al templo cuando sea apropiado hacerlo y recibir llamamientos en la Iglesia.
Debería existir en todo caso una conexión clara con alguien que posea las llaves del sacerdocio. Si se tiene dos obispos, no se tiene obispo alguno. Si sus cédulas de miembro no están en el barrio al cual asisten, no podrán aceptar un llamamiento para servir en la Iglesia, y tal vez no tarden en llegar a ser desconocidos para sus líderes.
Tener un llamamiento en la Iglesia es una de las bendiciones más maravillosas que pueden recibir en esta etapa de su vida. Es mucho lo que pueden aportar al barrio o a la rama donde residen, puesto que ustedes cuentan con talentos y aptitudes esenciales y necesarias en una Iglesia en expansión. Si son ex misioneros, pueden influir en los demás miembros con su entusiasmo y su testimonio. Además, tener un llamamiento también es importante si aún no han servido en una misión.
Si aún no se han afincado en un barrio o una rama y su obispo o presidente de rama no les conoce, ¿me permiten extenderles un desafío personal para que corrijan esa situación de inmediato? Pongan en orden su responsabilidad ante sus líderes del sacerdocio. Hermanas, conozcan a las hermanas de la Sociedad de Socorro de su localidad y participen en la organización de la Sociedad de Socorro. Jóvenes, sean dignos de asumir cada vez más responsabilidades y hagan los convenios adicionales y sagrados que conlleva el pasar del Sacerdocio Aarónico al Sacerdocio de Melquisedec. Únanse al quórum de élderes local y participen activamente en él.
Si ya se han establecido en un barrio o en una rama, les insto a pensar en aquellos amigos y compañeros en el Evangelio que estén perdidos para sus líderes del sacerdocio. Aliéntenles a reincorporarse al Evangelio y a participar en la Iglesia.

Prepárense hoy para el mañana

El segundo mensaje que les ofrezco es que tomen decisiones prudentes que les permitan prepararse para el futuro.
He conocido a miles de estudiantes universitarios y puedo decirles con franqueza que lo que decidan en esta etapa de su vida en cuanto a la educación, el empleo, la preparación para el matrimonio y la actividad en la Iglesia básicamente establecerá el modelo para su futuro.
Si ponen las cosas de Dios en primer lugar, tomarán decisiones buenas. En un principio es sumamente fácil decantarse por una decisión de apariencia interesante, pero que, si se toman en cuenta otros factores, con el tiempo terminará por alejarles del reino de Dios. Ningún aspecto de la eternidad tendrá importancia si no se preparan ahora mismo para vivir con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo Jesucristo.
En las Escrituras se encuentran varios pasajes que tal vez les resulten útiles. Jesucristo dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
En otra ocasión, el Salvador enseñó: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39). ¿Comprenden que perder la vida al servicio de su prójimo les permitirá descubrir su verdadera identidad como hijos de Dios? La alternativa —ser egocéntrico y no servir a Dios ni al prójimo— resulta en perder la vida en un sentido eterno.
A medida que se preparen para el futuro, el servicio que prestan y sus relaciones con los demás dentro del entorno de la Iglesia desempeñarán un papel de suma importancia.

Obtengan una buena educación académica

Les alentamos a obtener una buena educación académica y a adquirir las destrezas necesarias para conseguir empleo, criar a una familia, contribuir a la sociedad, y hacerlo con éxito.
Costearse los estudios o aprender destrezas puede resultar caro. Aprendan a ahorrar dinero y empleen con prudencia los fondos con los que cuenten. Eso les permitirá minimizar la deuda que tengan al terminar su formación.
Si estudian estando ya casados, será necesario que tanto ustedes como su cónyuge tomen decisiones sabias a medida que se sacrifican y cuidan de la familia, pues deben asegurarse de que no corran peligro las necesidades familiares, el trabajo y los estudios.
Casados o solteros, aquellos que tengan un empleo deben desarrollar una buena ética laboral. Sean productivos; mejoren su capacidad laboral; sean leales a sus empleadores; procuren obtener oportunidades de ascenso y responsabilidades adicionales; paguen sus diezmos y ofrendas; ahorren parte de sus ingresos y desarrollen hábitos de economía y autosuficiencia.

Conozcan el verdadero valor del dinero

Uno de los grandes retos de esta etapa de sus vidas es aprender a tomar decisiones sobre cómo gastar el dinero.
El presidente Brigham Young enseñó: “Si quieren ser ricos, ahorren lo que obtengan. El tonto puede ganar dinero, pero se requiere un hombre sabio para ahorrarlo y aprovecharlo ventajosamente”1.
La sociedad actual cuenta con muchos productos llamativos e interesantes que brindan placer y comodidad. Son fascinantes y hasta parecen necesarios.
Aún así el Salvador dijo:
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
“sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19–21).
Cuídense de la imprudencia de rodearse de “juguetes” materiales y temporales que tal vez no sean necesarios ni esenciales en esta etapa de sus vidas. No piensen que de inmediato deben obtener todo lo que sus padres tenían al momento de abandonar ustedes el nido. En la mayoría de los casos, a sus padres les ha llevado décadas obtener las comodidades de un hogar moderno y, sencillamente, no es práctico que ustedes traten de obtener lo mismo ahora al empezar a fundar su hogar.
Puedo dar mi testimonio personal de que algunos de los más bellos recuerdos que tenemos mi esposa y yo, son de cuando teníamos una familia que iba en aumento y vivíamos en un apartamentito mientras yo terminaba mis estudios de abogacía. Teníamos pocos lujos, pero no sabíamos que éramos pobres porque nos teníamos el uno al otro y contábamos con las bendiciones del Evangelio, las cuales eclipsaban las posesiones materiales de las que carecíamos.

Estén dispuestos a aceptar las responsabilidades que lleva aparejado el matrimonio

El tercer mensaje que deseo abordar —y que tiene que ver con los dos anteriores— es que estén dispuestos a aceptar las responsabilidades matrimoniales.
Las Autoridades Generales de la Iglesia se preocupan profunda y continuamente por que los jóvenes adultos solteros conozcan la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. La doctrina de la Iglesia en lo referente a la familia eterna es muy clara. Permítanme citar Doctrina y Convenios:
“Por consiguiente, si un hombre se casa con una mujer en el mundo, y no se casa con ella ni por mí ni por mi palabra, y él hace convenio con ella mientras él esté en el mundo, y ella con él, ninguna validez tendrán su convenio y matrimonio cuando mueran y estén fuera del mundo; por tanto, no están ligados por ninguna ley cuando salen del mundo.
“Por tanto, cuando están fuera del mundo ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son nombrados ángeles en el cielo, ángeles que son siervos ministrantes para ministrar a aquellos que son dignos de un peso de gloria mucho mayor, y predominante, y eterno” (D. y C. 132:15–16).
Dicho con claridad y sencillez: el matrimonio por el tiempo y la eternidad es esencial para alcanzar la exaltación.

Dificultades que pueden retrasar el matrimonio

Con este pasaje de las Escrituras en mente, permítanme mencionar algunos factores que pueden llegar a postergar el matrimonio.
  • 1. Algunos tal vez perciban que a los ex misioneros ya no se les presiona ni alienta tanto para casarse. Si piensan así, están equivocados. Se debe alentar a todo ex misionero a que, una vez en casa, se mantenga activo en la Iglesia, se asegure una formación, desarrolle aptitudes laborales y se disponga a hallar un cónyuge eterno.
  • 2. Tal vez algunos jóvenes piensen que no están a la altura de las expectativas de algunas señoritas. A menudo se emplea la expresión “mantenimiento elevado” para referirse a aquellas personas que dan la impresión de que necesitan más de lo que su pareja puede proporcionarles. Una buena comunicación puede abordar esa inseguridad.
  • 3. La excesiva importancia dada a la formación o al trabajo puede colocar al matrimonio en un plano secundario. El matrimonio, la formación y el trabajo pueden ir de la mano. Tener una carrera profesional sin familia, cuando puede haberla, es una tragedia.
  • 4. No permitan que la vida se convierta en una existencia simplemente divertida o egoísta. La vida es más que un parque de diversiones. No sean adictos a obtener posesiones. Más bien, acepten las responsabilidades.
  • 5. Una percepción negativa del matrimonio motivada por los medios de comunicación o por experiencias de familiares y amigos puede disuadir a algunos a casarse. Hay quienes dicen: “¿Para qué casarse si hay tantos divorcios?”. El que haya divorcios no quiere decir que ustedes no puedan tener un matrimonio feliz y exitoso. No permitan que las acciones de los demás decidan por ustedes. Decidan que su matrimonio no será un fracaso.
  • 6. Algunos demoran el matrimonio por razones económicas. No es prudente posponer el matrimonio hasta tener el dinero suficiente para mantener un determinado estilo de vida. Muchos aspectos de la vida en común —las dificultades, el aprender a adaptarse a nuevas situaciones y el aprender a lidiar con los problemas de la vida— se pierden cuando se obra así.
Éstas y muchas otras razones pueden llegar a hacer que se posponga el matrimonio. No es mi intención contestar a cada una de estas objeciones para satisfacer a cada uno de ustedes, sino que sencillamente declararé la doctrina de la Iglesia en cuanto al matrimonio y les alentaré a tener la fe suficiente para seguir adelante con esa decisión, la más importante de la vida.

El miedo

Si pudiera encerrar en una palabra todos los motivos que acabo de mencionar para posponer el matrimonio, ésta sería miedo: miedo al futuro, miedo al fracaso, etcétera. No es inusual tener miedo. El miedo puede vencerse mediante la preparación y la fe.
Cuando los apóstoles de antaño temieron que una gran tormenta les hundiera la embarcación, Cristo, “levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
“Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:39–40).
El apóstol Pablo enseñó: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de domino propio” (2 Timoteo 1:7).
Puedo decir con toda sinceridad que en mi generación, cuando llegaba la oportunidad de casarse con la persona indicada, los retos económicos o de otra índole, como los estudios, pasaban a un segundo plano ante la crucial decisión de contraer matrimonio con la persona correcta. Muchos de ustedes, jóvenes adultos, han tomado esa decisión y siguen adelante con sus vidas aun cuando no cuentan con todas las comodidades que de otra forma tendrían; sin embargo, avanzan según un plan eterno y siguen el modelo divino que esta Iglesia ofrece a todos sus miembros.

La familia

Hace algún tiempo, la hermana Tingey y yo, que tenemos 4 hijos y 21 nietos, tuvimos una “noche de nietos”. Cinco de nuestras nietas, de entre 6 y 14 años, que además de ser primas son muy buenas amigas, vinieron a nuestra casa.
Mi esposa preparó una cena excelente, tras la cual las nietas hicieron manualidades con su ayuda. Más tarde, jugamos a sus juegos favoritos y después ellas hicieron un pequeño show de talentos para los abuelos. Durante el show, cantaron varias de sus canciones favoritas de la Primaria, las que adaptaron para sus abuelos, incluida ésta:
Gozo siento cuando [al abuelo] veo regresar.

Y con alegría yo lo quiero abrazar.

Lo estrecho con amor, siento su calor,

lo acaricio y ¿qué le doy?

Un beso, sí2.

Cuando cantaron esa última canción, mis cinco nietas se me sentaron en el regazo, con los brazos alrededor de mi cuello, dándome palmaditas en las mejillas y besos.
Todo eso es lo que realmente importa. Se trata de la familia y del Evangelio. Eso eclipsa toda posesión material y todo lo que cueste dinero.
A menos que comprendan lo que su futuro les depara con respecto a la familia, les resultará difícil tomar decisiones acertadas sobre dicho futuro. La familia lo es todo. Eclipsa por completo a toda otra relación y decisión.

No todos se casarán

Ahora bien, sé que no todos se casarán en esta vida, pero el plan del Señor tiene eso en cuenta.
El maravilloso relato de Rut en el Antiguo Testamento es la historia de una mujer que perdió a su marido y que entonces decidió no procurar únicamente sus propias metas. Aunque Rut era viuda, conservó su devoción a la familia y a Dios.
Cuando Noemí, su suegra, la alentó a seguir adelante con su vida, Rut pronunció unas palabras que sirven para fomentar la fe: “…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16).
Como tal vez recuerden, posteriormente Rut conoció a Booz, con quien se casó y ambos se convirtieron en parte de la cadena de los antepasados de Jesucristo. Suyas fueron todas las bendiciones prometidas a los fieles seguidores del Señor.
La familia es la esencia del Evangelio; por medio de ella, progresamos hacia la eternidad. La familia y el matrimonio eterno valen más que cualquier dificultad.
Tengan la bondad de reflexionar en los pensamientos que he compartido con ustedes y oren al respecto. Sepan que nuestro Padre Celestial les bendecirá y les ayudará a reemplazar el miedo con la fe si acuden a Él.
Humildemente les testifico que si son activos en la Iglesia, si se preparan bien para el futuro y si se sellan a un cónyuge por el tiempo y la eternidad, descubrirán el gozo que nos promete el Evangelio de Jesucristo.
Adaptado de un discurso pronunciado en una charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia celebrada en el instituto de religión de Ogden, Utah, el 2 de mayo de 2004.
1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 242.
2. “Cuando papá vuelve”, Canciones para los niños, pág. 110.

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